lunes, 9 de enero de 2017

CARTA A LOS REYES MAGOS

Texto íntegro de la Carta a SS MM Los Reyes Magos de Oriente publicada el pasado 5 de enero en el Periódico Nueva Alcarria:

Queridos Reyes Magos:

Foto: http://nuevaalcarria.com/
Cuesta creerlo, pero este año algunos papás y mamás no se han portado nada bien con sus hijos. No han sido capaces de anteponer sus intereses personales a los de éstos y les ha faltado empatía para darse cuenta de que los niños también sufren con ciertas actitudes de los adultos. Y es que algunos padres-madres confunden eso, ser padres y madres, con ser dueños-dueñas de sus hijos, sin darse cuenta de que los hijos no pertenecen a ninguno de ellos, y si acaso son los padres quienes pertenecen a los hijos. 

Los niños deben quedar siempre al margen de los problemas de los adultos. Bastante doloroso es ya para un hijo ver como las dos personas que más quiere en este mundo no pueden vivir junto a él. Pero no, algunos papás y mamás, cegados por sus odios y sus rencores personales, convierten su resentimiento en maltrato hacia sus hijos. Tal vez de manera inconsciente, pero tristemente muchos padres han sido capaces este año de hacer cosas terribles, verdaderos actos de tiranía, olvidando por completo el alto coste emocional que supone y supondrá para sus hijos haberle "declarado la guerra" a su padre/madre. Desde sembrar en ellos el rechazo hacia el otro progenitor, hablándoles mal de éste; hasta llegar a separarles físicamente. Y eso es maltrato, sí, maltrato infantil. Y el hecho de que sea invisible, no aceptado como tal o no perseguido como se debiera, no quiere decir que no lo sea. ¿Son conscientes los padres del precio que pagan los hijos por este tipo de acciones? ¿Cuántos padres/madres no sufrirían por no poder estar con sus hijos? ¿Tan difícil es de entender para un progenitor que el otro progenitor también quiera estar con sus hijos? 

Entiendo que no es lo mismo la separación de unos padres que simplemente han dejado de quererse pero que se respetan mutuamente, a la separación en la que existen otros elementos de ruptura, como puede ser una infidelidad o incluso en casos extremos unos malos tratos. Ya sé que el momento es complicado, muy duro, que puede que haya mucho que reprocharse. Y es muy probable que ahora se hayan dado cuenta de que su pareja no era el buen marido o la buena esposa que pensaban que era; o incluso el buen padre o la buena madre que le hubieran querido dar a sus hijos. Pero si los hijos no tienen la culpa, ¿cómo puede ser el odio hacia tu expareja más fuerte que el amor hacia tus hijos?, ¿en qué momento el odio y el rencor se apodera de ese padre/madre y le nubla la perspectiva? Porque un buen padre no proporciona sufrimientos a sus hijos, sino que se los evita. Un buen padre/madre fomenta al máximo la relación de sus hijos con el otro progenitor, no la impide. Se trata de que el hijo aprenda a ser feliz en la nueva situación con sus padres y conseguir que los hijos tengan una infancia feliz es tarea de padres responsables, ¿qué clase de madre/padre no querría eso para sus hijos?

Y los que rodean a estos progenitores, que por la situación que atraviesan no son capaces de ver más allá de dos palmos de sus narices, ¿hacen algo al respecto?, ¿les ayudan o emponzoñan más todavía?, ¿han pensado que ellos, el familiar, el amigo... puede ser la persona que cambie la vida de esos niños que tanto sufren por la ceguera de su progenitor?

Por eso, queridos Reyes Magos, este año no voy a pediros carbón para todos esos padres y madres. No, porque sería como pagarles con la misma moneda con la que ya pagan a sus hijos. Voy a pediros que les traigáis a todos ellos unas dosis mínimas de sentido común, de empatía, de comprensión y de amor. Pero amor del bueno, del verdadero, y no del tóxico que es el que ellos sienten por sus hijos. Para que ningún niño tenga que recuperarse de su infancia. Que se den cuenta de que, por muy mal marido o esposa que una persona sea, no dejará de ser la madre o el padre de su hijo; ese marido o esa esposa del que un día se enamoraron, con quien vivieron momentos felices, a quien eligieron libremente para que fuera el padre o la madre de sus hijos. Porque, en definitiva, esos hijos, y no sus padres, serán los únicos que tendrán potestad para valorar si su padre o su madre ha sido un buen padre o una buena madre. Ellos serán quienes verdaderamente les juzguen, y les aseguro que es esa la única sentencia de la que deberían preocuparse los padres, porque sobre ella no cabrá recurso alguno. 

Luis Miguel Almazán

Abogado de Familia

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